
Carnaval Kiskeyano en Jacmel
Ingrediente esencial de sus tradiciones culturales, el famoso carnaval de Jacmel es el secreto de la felicidad del pueblo. El síndico, Edo Zenni lo sabe muy bien, y detiene esa llave en mano con las de la ciudad precolombina Yakimel, localizada en el sureste de Haití tercera parte, lado occidental, de la bella isla conocida por los Tainos como Kiskeya.
El sorprendente rostro indígena de la Doña Michaelle Craan domina como la VIP de la ciudad histórica, encaramada entre las cadenas montañosas La Selle y sonriendo con el mar Caribe. Los finos artesanos Jacmelianos duraron meses confeccionando el espectáculo de colores, los músicos perfeccionando los sonidos. La orquestación del programa lleno de poesías, desfile de disfraces y máscaras, presentación de las reinas, música y bailes típicos de grupos locales se mantuvo en orden, aún los atrasos típicos en nuestra isla cuando se organiza muchos participantes en diferentes actos. Las hermanas Medgine y Joan Raton del comité carnavalesco se completaban para animar con talento y arreglar los últimos detalles del programa de sábado 14 y domingo 15 de febrero 2009.
El mayor actor-participante del carnaval de Jacmel es su pueblo, patrocinadores y colaboradores del ayuntamiento lograron este propósito. Domingo a las doce, todos los delegados locales, distinguidos ministros capitaleños acompañados de las reinas y seguidores y los otros invitados salieron por la calles con banda de trompetas y tambores y abrieron la festividades musicales.
La tarima del municipio era el último punto caliente del desfile de grupos de animales, de diablos, de disfraces tradicionales como Chaloska y Mathurin, y otros extravagantes tal un Cuco tirando fuego. Después, llegaron subiendo las calles predeterminadas los rara, más de treinta grupos musicales conocidos por colores, tocaban alegremente guira, vaksin—trompetas criollas—con Jacmelianos a la manada bailando. Las calles del desfile eran compactadas de gente gozando del bonche popular, y los Jacmelianos “de pura cepa” en las verjas y terrazas de su casa, disfrutando del carnaval donde todos se reúnen para celebrar la vida en el Caribe pintada de ritmo y color.
Ingrediente esencial de sus tradiciones culturales, el famoso carnaval de Jacmel es el secreto de la felicidad del pueblo. El síndico, Edo Zenni lo sabe muy bien, y detiene esa llave en mano con las de la ciudad precolombina Yakimel, localizada en el sureste de Haití tercera parte, lado occidental, de la bella isla conocida por los Tainos como Kiskeya.
El sorprendente rostro indígena de la Doña Michaelle Craan domina como la VIP de la ciudad histórica, encaramada entre las cadenas montañosas La Selle y sonriendo con el mar Caribe. Los finos artesanos Jacmelianos duraron meses confeccionando el espectáculo de colores, los músicos perfeccionando los sonidos. La orquestación del programa lleno de poesías, desfile de disfraces y máscaras, presentación de las reinas, música y bailes típicos de grupos locales se mantuvo en orden, aún los atrasos típicos en nuestra isla cuando se organiza muchos participantes en diferentes actos. Las hermanas Medgine y Joan Raton del comité carnavalesco se completaban para animar con talento y arreglar los últimos detalles del programa de sábado 14 y domingo 15 de febrero 2009.
El mayor actor-participante del carnaval de Jacmel es su pueblo, patrocinadores y colaboradores del ayuntamiento lograron este propósito. Domingo a las doce, todos los delegados locales, distinguidos ministros capitaleños acompañados de las reinas y seguidores y los otros invitados salieron por la calles con banda de trompetas y tambores y abrieron la festividades musicales.
La tarima del municipio era el último punto caliente del desfile de grupos de animales, de diablos, de disfraces tradicionales como Chaloska y Mathurin, y otros extravagantes tal un Cuco tirando fuego. Después, llegaron subiendo las calles predeterminadas los rara, más de treinta grupos musicales conocidos por colores, tocaban alegremente guira, vaksin—trompetas criollas—con Jacmelianos a la manada bailando. Las calles del desfile eran compactadas de gente gozando del bonche popular, y los Jacmelianos “de pura cepa” en las verjas y terrazas de su casa, disfrutando del carnaval donde todos se reúnen para celebrar la vida en el Caribe pintada de ritmo y color.
